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Filosofía

El que menos necesita

Marco Aurelio fue durante diecinueve años el hombre más poderoso del mundo, y en el cuaderno que escribía solo para sí dejó anotado que para vivir feliz hace falta muy poco. Los estoicos sostenían que no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. Dos mil años después, la psicología les da la razón.

Imagina que puedes tener cualquier cosa. Cualquier casa. Cualquier comida. Cualquier capricho.

Marco Aurelio podía. Fue emperador de Roma durante diecinueve años, el hombre más poderoso del mundo. Y en su cuaderno personal escribió esto:

“Ten siempre presente esto: que para vivir una vida feliz hace falta muy poco” (Meditaciones, VII, 67).[1]

¿Cómo llega a esa conclusión alguien que lo tiene todo? Precisamente por eso: porque lo tenía todo y comprobó que no bastaba.

Las “Meditaciones” son las notas que Marco Aurelio escribió en griego entre el 170 y el 180, en plena guerra en la frontera del Danubio. Su título original significa “A sí mismo”: no eran para publicar, sino para corregirse.[2]

La idea que vas a leer es la base del estoicismo, y cabe en una frase:

No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita.

La cuenta que nadie te enseñó

Tu satisfacción no depende de lo que tienes. Depende de la distancia entre lo que tienes y lo que necesitas.

Si tienes más de lo que necesitas, te sobra: te sientes afortunado.

Si necesitas más de lo que tienes, te falta: te sientes pobre. Da igual cuánto ganes.

Mira a Luis y a Ana.

Luis

  • Gana 4.000 € al mes
  • Siente que necesita 5.000 €
  • Cada mes, la sensación de que no llega

Le faltan 1.000 €: se siente pobre

Ana

  • Gana 2.000 € al mes
  • Con 1.500 € vive como quiere
  • Cada mes, la sensación de que le sobra

Le sobran 500 €: se siente rica

Luis gana el doble. Ana vive mejor.

No es una idea nueva. En 1890, William James, uno de los padres de la psicología, lo escribió como una fracción: lo que consigues dividido entre lo que pretendes. “Esa fracción puede aumentar tanto disminuyendo el denominador como aumentando el numerador”, explicó.[9]

Es decir, hay dos formas de estar más satisfecho: tener más o necesitar menos. Y no son iguales.

Tener más tiene trampa. Cuando lo consigues, lo que necesitas sube con ello. Luis ganaba 3.000 euros y creía que con 4.000 viviría tranquilo. Llegó a 4.000, cambió de piso y de coche, y ahora necesita 5.000. Vuelve a faltarle. Y le seguirá faltando.

Necesitar menos no tiene trampa. Si Ana necesita 1.500 euros, todo lo que tenga por encima es un regalo. Si gana más, estupendo. Si un mes gana menos, sigue bien.

El restaurante de lujo

Ahora viene lo más importante del artículo. Lo que te hace sentir satisfecho no está fuera, en las cosas. Está dentro, en cómo está hecho tu yo interior.

Piensa en dos personas:

  • La primera come todos los días en restaurantes de lujo.
  • La segunda come en casa y, de vez en cuando, sale a un buen restaurante.

¿Quién disfruta más de la comida?

Restaurante de lujo cada día

  • El lujo se convierte en lo normal
  • Ya no lo disfruta: lo da por hecho
  • Una comida corriente le sabe a castigo

Tiene lo mejor y es el que menos disfruta

En casa y, a veces, un buen restaurante

  • Lo normal es la comida de casa
  • Cada salida es una fiesta
  • Un mal día en casa no le quita nada

Tiene menos y es el que más disfruta

A la primera, al cabo de unas semanas, el lujo ya no le hace ilusión: lo espera, como quien espera que salga agua del grifo. Y el día que come cualquier cosa, siente que le han quitado algo.

La segunda vive cada salida como una fiesta. Y un mal día en casa no le quita nada.

Fíjate en la paradoja: el que tiene lo mejor es el que menos disfruta. Si la satisfacción estuviera en las cosas, sería al revés. No lo es. Lo de fuera no es lo que importa.

Lo que importa es tu listón: la idea de lo que es “normal” que llevas dentro. Todo lo que queda por encima te alegra; todo lo que queda por debajo te decepciona. El primero lo ha subido tan alto que ya nada lo supera. El segundo lo tiene bajo, y casi todo lo supera.

Y lo de fuera no depende de ti: puede empeorar mañana. Con el listón alto, cada bajada es una pérdida. Con el listón bajo, venga lo que venga, sigues tranquilo. Lo único que está de verdad en tu mano es lo de dentro: necesitar lo menos posible.

Epicteto lo dijo hace casi dos mil años: “A los hombres no los perturban las cosas, sino las opiniones que tienen sobre las cosas” (Enquiridión, 5).[5]

La rueda que nunca se para

Seguro que te suena:

  1. Deseo algo
  2. Lo consigo
  3. Me acostumbro
  4. Deseo algo más

La rueda nunca se para

Con la mirada de querer más, a los tres días de estrenar algo ya estás pensando en lo siguiente. Con la mirada de necesitar menos, esa urgencia desaparece.

Mirada de querer más

  • Te compras el móvil nuevo
  • Los primeros días te hace ilusión
  • A los tres días ya es tu móvil de siempre
  • Empiezas a mirar el siguiente modelo

Siempre te falta algo

Mirada de necesitar menos

  • Tu móvil funciona
  • No echas de menos el último modelo
  • Lo que tienes te basta y te alegra
  • No hay nada nuevo que perseguir

Siempre te sobra algo

Y hoy la rueda gira más deprisa que nunca. Cada día pasan por tu pantalla cientos de casas, viajes y vidas que no son la tuya, y cada una siembra una necesidad nueva. Ya hablamos de ello en el artículo sobre los vídeos cortos y la dopamina.

La psicología lleva casi cincuenta años midiendo esta rueda, y siempre sale lo mismo:

  • La lotería (1978). 22 ganadores de grandes premios no eran más felices que sus vecinos, y disfrutaban menos de los pequeños placeres de cada día.
  • El dinero (2023). Ayuda, pero cada vez menos: en un estudio con 33.391 personas, para notar el mismo avance de felicidad había que duplicar los ingresos, y luego volver a duplicarlos.
  • Las cosas (2014). Con 259 muestras de todo el mundo, cuanta más importancia da alguien a las posesiones, al dinero y a la imagen, menor es su bienestar.[6][7][8]

Lo que ya sabían los estoicos

Marco Aurelio no hablaba desde la pobreza. Tenía toda la riqueza del Imperio, y justo por eso sabía lo fácil que es dejarse arrastrar. Estas frases son de él y de otros dos estoicos:

“No es pobre el que tiene poco, sino el que desea más” (Séneca, Cartas a Lucilio, II, 6). Y también: “Aquel a quien lo suyo no le parece bastante, aunque sea dueño del mundo entero, es un desdichado” (IX, 20).[3]

“Procura no convertirte en un César, no teñirte de ese tinte” (Meditaciones, VI, 30). Y sobre la riqueza: “Recíbela sin arrogancia, y está dispuesto a dejarla ir” (VIII, 33).[1]

“Unas cosas dependen de nosotros y otras no.” Así empieza el manual de Epicteto (Enquiridión, 1). De ti dependen tus opiniones y tus deseos. No dependen de ti el cuerpo, la hacienda ni la reputación.[5]

Cuatro ejercicios para necesitar menos

Los estoicos no se quedaban en la teoría: entrenaban, como quien entrena un músculo. Estos cuatro ejercicios salen de sus textos.

Desnuda las cosas

El ejercicio Antes de desear algo, descríbelo tal como es, sin adornos.

“Este vino de Falerno no es más que un poco de zumo de uva, y este manto de púrpura, lana de oveja teñida con la sangre de un marisco. […] La apariencia es una terrible corruptora de la razón” (Meditaciones, VI, 13).[1]

Piensa en lo que ya tienes

El ejercicio Imagina que lo pierdes y fíjate en cuánto lo echarías de menos.

“No pienses tanto en lo que no tienes como en lo que tienes. De lo que tienes, escoge lo mejor y piensa con qué ansia lo buscarías si no lo tuvieras” (Meditaciones, VII, 27).[1]

Pregúntate si hace falta

El ejercicio Antes de comprar, hacer o pensar algo, una sola pregunta.

“¿Es esto una de las cosas innecesarias?” (Meditaciones, IV, 24).[1]

Ensaya la escasez

El ejercicio De vez en cuando, vive unos días con lo mínimo.

“Reserva algunos días en los que, contento con la comida más escasa y barata y con ropa tosca y áspera, te preguntes: «¿Era esto lo que temía?»” (Séneca, Cartas a Lucilio, XVIII, 5).[4]

Fuentes

Los datos del artículo salen de estas referencias. Cada [n] del texto enlaza con la suya.

  1. Marco Aurelio. Meditaciones (The Thoughts of the Emperor Marcus Aurelius Antoninus, traducción de George Long, 1862) (hacia 170-180)Texto en dominio público. Se cita por libro y capítulo (IV, 24; VI, 13; VI, 30; VII, 27; VII, 67; VIII, 33). Traducción propia al español a partir de la versión inglesa de Long.
  2. Wikipedia. MeditationsContexto de la obra: escrita en griego entre 170 y 180, durante las campañas militares; título original «Ta eis heauton» («A sí mismo»); no estaba pensada para publicarse. Marco Aurelio fue emperador entre 161 y 180.
  3. Séneca. Cartas a Lucilio, I a XII (texto latino) (hacia 62-65)«Non qui parum habet, sed qui plus cupit, pauper est» (II, 6). «Si cui sua non videntur amplissima, licet totius mundi dominus sit, tamen miser est» (IX, 20). Traducción propia.
  4. Séneca. Cartas a Lucilio, XIII en adelante (texto latino) (hacia 62-65)Carta XVIII, 5-7: «interponas aliquot dies quibus contentus minimo ac vilissimo cibo, dura atque horrida veste, dicas tibi: “hoc est quod timebatur?”». Traducción propia.
  5. Epicteto. Enquiridión (The Enchiridion, traducción de Thomas Wentworth Higginson) (hacia 125)Capítulo 1, sobre lo que depende de nosotros y lo que no, y capítulo 5 («Men are disturbed not by things, but by the views which they take of things»). Traducción propia al español a partir de la versión inglesa.
  6. Philip Brickman, Dan Coates y Ronnie Janoff-Bulman, Journal of Personality and Social Psychology. Lottery winners and accident victims: Is happiness relative? (1978)Vol. 36, n.º 8, págs. 917-927. 22 ganadores de grandes premios de lotería frente a 22 vecinos: 4,00 frente a 3,82 sobre 5 en felicidad, sin diferencia significativa; los ganadores disfrutaban menos de los placeres cotidianos.
  7. Matthew Killingsworth, Daniel Kahneman y Barbara Mellers, PNAS. Income and emotional well-being: A conflict resolved (2023)33.391 adultos con empleo de Estados Unidos y 1,7 millones de registros tomados en el momento con el móvil. La felicidad crece con el logaritmo de la renta; en el 20 % menos feliz deja de mejorar en torno a los 100.000 dólares anuales.
  8. Helga Dittmar, Rod Bond, Megan Hurst y Tim Kasser, Journal of Personality and Social Psychology. The relationship between materialism and personal well-being: A meta-analysis (2014)Vol. 107, n.º 5, págs. 879-924. 753 efectos en 259 muestras independientes. El materialismo se asocia a un bienestar menor (r = −0,19 en la medida más usada), y la relación se explica en parte por la peor satisfacción de las necesidades psicológicas.
  9. William James. The Principles of Psychology, capítulo X: «The Consciousness of Self» (texto en Classics in the History of Psychology, Universidad de York) (1890)Págs. 310-311: «Self-esteem = Success / Pretensions. Such a fraction may be increased as well by diminishing the denominator as by increasing the numerator. To give up pretensions is as blessed a relief as to get them gratified». Traducción propia.

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