La inflación
¿Has notado que el pan está más caro y has pensado «maldita inflación»? Es lo natural, pero no todas las subidas de precios son inflación, ni todas las bajadas son deflación. Te explicamos la diferencia, quién gana y quién pierde con cada una, y por qué los bancos centrales quieren que los precios suban un 2 % al año.
Para entender de verdad cómo funciona la economía hay que distinguir entre dos tipos de cambios de precio: los que nacen del valor de las cosas y los que nacen del valor del dinero.
El precio de algo depende de dos cosas
Cuando miras la etiqueta de un producto ves un solo número, pero ese número mide en realidad la relación entre dos valores: lo que vale el producto y lo que vale el euro con el que lo pagas.
Si el producto se vuelve más valioso, el precio sube. Pero si el euro pierde valor, el precio también sube. En el supermercado no se nota la diferencia, porque la etiqueta es la misma, pero la causa y las consecuencias son completamente distintas. Y lo mismo ocurre, al revés, con las bajadas.
No todos los cambios de precio son malos
Las subidas y las bajadas de precios son el semáforo de la economía: avisan de qué escasea y qué sobra sin que nadie tenga que dar ninguna orden. El economista Friedrich Hayek lo explicó en 1945: cuando una materia prima escasea, miles de personas pasan a usarla con más cuidado, «sin que se dé ninguna orden», simplemente porque ha subido su precio.[1]
Veamos dos ejemplos de la vida diaria.
El trigo: cuando subir es bueno
Imagina una racha de malas cosechas de trigo en todo el mundo. Su precio subirá en el supermercado. ¿Es inflación? No.
Esa subida es útil: avisa a los agricultores de que el trigo escasea y vale más, y les anima a dedicarle más tierras, más inversión y más maquinaria. El trigo no se encarece porque el euro valga menos, sino porque hay menos trigo y cada grano es más valioso.
Los ordenadores: cuando bajar es bueno
Si la industria tecnológica aprende a fabricar ordenadores de forma más eficiente, cada uno cuesta menos de fabricar y la competencia acaba bajando su precio.
Y eso también es bueno: significa que ahora hacen falta menos recursos para fabricar un ordenador. No se abaratan porque el euro valga más, sino porque se fabrican mejor.
Punto de partida: precio 45 y cantidad 61. Mueve la cosecha, o prueba uno de los dos ejemplos, para ver cómo reacciona el precio del trigo.
Entonces, ¿qué son la inflación y la deflación?
Los precios pueden cambiar porque un producto se vuelve más escaso o más fácil de fabricar, como el trigo y los ordenadores. Pero también pueden cambiar porque cambia lo que vale el propio dinero. Para entenderlo hacen falta dos ideas:
- Oferta de dinero: cuánto dinero hay en la economía, en efectivo y en las cuentas de los bancos.
- Demanda de dinero: cuánto dinero quieren tener guardado las personas y las empresas en lugar de gastarlo. No es lo que quieren comprar, sino lo que quieren conservar.
La inflación es una subida general de los precios porque el dinero pierde valor. Ocurre cuando hay mucho más dinero del que la gente quiere guardar.[3]
- Hay más dinero del que la gente quiere guardar
- La gente gasta el que le sobra
- Más dinero persigue los mismos productos
Suben los precios: cada euro compra menos
La deflación es lo contrario: una bajada general de los precios porque el dinero gana valor. Ocurre cuando la gente quiere guardar más dinero del que hay.[3]
- La gente quiere guardar más dinero del que hay
- Gasta menos para poder ahorrarlo
- Las tiendas venden menos y bajan precios
Bajan los precios: cada euro compra más
Ojo con las palabras: en el lenguaje de todos los días se llama inflación a cualquier subida general de precios, venga de donde venga. Separar las dos causas, como hacemos aquí, es justo lo que permite entender quién gana y quién pierde. Y es una explicación simplificada: en la vida real también influyen la producción, los salarios, el crédito y lo que la gente espera que pase.
Lo peor es lo que nadie espera
La inflación y la deflación hacen daño sobre todo cuando son inesperadas, cuando nadie las había previsto. Entonces cambian el valor real de los ahorros y de las deudas sin que nadie haya hecho nada para merecerlo: unos se empobrecen y otros se enriquecen, sin importar lo que cada uno aporte a los demás.[3]
Con una inflación inesperada, gana quien debe y pierde quien ahorra:
Quien ahorra
- Guardó 1.000 € para comprar una televisión
- Los precios suben más de lo previsto
- Sus 1.000 € ya no llegan para la tele
Pierde poder de compra
Quien debe
- Debe 1.000 €
- Los precios suben más de lo previsto
- Esos 1.000 € valen menos que cuando se los prestaron
Su deuda pesa menos
Lo que gana el que debe lo pierde quien le prestó el dinero: le devuelven la misma cifra, pero en euros que valen menos.
Con una deflación inesperada, al revés:
Quien debe
- Debe 1.000 €
- Los precios bajan más de lo previsto
- Tiene que devolver euros que ahora valen más
Su deuda pesa más
Quien ahorra
- Guardó 1.000 €
- Los precios bajan más de lo previsto
- Le llega para la tele y para llenar la nevera
Gana poder de compra
Quien ahorra · 1.000 € guardados
1.000 € de poder de compra
Sin cambio
Quien debe · deuda fija de 1.000 €
1.000 € de peso real
Sin cambio
Sin cambio de precios, 1.000 € siguen comprando lo mismo y una deuda de 1.000 € pesa igual. Mueve el control.
El efecto Cantillon: quien llega primero al dinero, gana
Hay otro efecto, menos conocido, que describió en el siglo XVIII el economista Richard Cantillon: el dinero nuevo no llega a todos a la vez. Él mismo planteó así la pregunta: «La gran dificultad de esta investigación consiste en saber por qué vía y en qué proporción el aumento de dinero eleva el precio de las cosas».[4]
Cuando se crea dinero nuevo, entra en la economía por un punto concreto, normalmente el Estado o los grandes bancos. Los primeros que lo reciben lo gastan cuando los precios todavía no han subido. Ese dinero va pasando de mano en mano y, cuando por fin llega al ciudadano de a pie, los precios ya se han ajustado al alza. Como resume el economista Mark Thornton, los primeros en recibir el dinero ganan riqueza y los que no lo reciben la pierden.[5]
Es como cuando corre el rumor de que va a subir la gasolina: quien se entera primero llena el depósito al precio de hoy, y quien se entera el último paga el precio nuevo.
El mayor daño: el mercado premia y castiga a ciegas
Estas ganancias y pérdidas no tienen nada que ver con lo que cada uno aporta a los demás. Con una inflación o una deflación inesperadas, el sistema de premios y castigos del mercado se vuelve ciego:[3]
- Un negocio excelente, que cubre necesidades importantes a bajo coste, puede quebrar si le pilla en el lado equivocado: por ejemplo, muy endeudado cuando llega una deflación.
- Un negocio pésimo, que hace las cosas caras y mal, puede salvarse simplemente porque la inflación le ha aligerado las deudas.
La historia avisa
Alemania, 1923: billetes para encender la chimenea
Para pagar la Primera Guerra Mundial, el Gobierno alemán empezó a financiarse imprimiendo cada vez más billetes, y las reparaciones que le exigieron los aliados en 1921 aceleraron todavía más la inflación.[8] En 1923, el marco valía tan poco que los billetes se usaban para encender la chimenea o como papel de notas, y los niños jugaban a hacer torres con ellos.[6] Una foto de ese año muestra cómo se empapelaba una pared con billetes de un marco, que, según el pie original, eran «mucho más baratos que el papel pintado».[7] Al final, el papel de los billetes valía más que lo que se podía comprar con ellos.[8]
Zimbabue, 2009: un billete de 100 billones
A mediados de noviembre de 2008, según los cálculos de los economistas Steve Hanke y Alex Kwok, los precios en Zimbabue se duplicaban cada 24,7 horas.[10] Dos meses después, en enero de 2009, el país sacó un billete de 100 billones de dólares zimbabuenses. Según la BBC, valía unos 30 dólares estadounidenses.[9] El dinero había dejado de servir para medir el valor de las cosas.
Japón: la trampa de los precios a la baja
Tras el estallido de su burbuja a principios de los 90, Japón se estancó y, desde finales de esa década, vivió una deflación que duró unos quince años. Fue suave, con una caída media de los precios del 0,3 % al año, pero persistente.[11][12]
Para el ahorrador sonaba bien, pero una deflación así puede frenar la economía. Imagina un coche de 20.000 € que crees que el año que viene costará 18.000 €: lo normal es esperar. Si mucha gente hace lo mismo, las tiendas y las fábricas venden menos, producen menos, invierten menos y despiden trabajadores. Quienes pierden el empleo compran todavía menos, y el círculo se cierra.
Es un mecanismo posible, no la explicación completa de lo que pasó en Japón: también pesaron la caída de la demanda y las deudas que dejó la burbuja.
¿Por qué los bancos centrales buscan un 2 % de inflación?
Si la inflación hace daño, ¿por qué el Banco Central Europeo y la Reserva Federal de Estados Unidos buscan a propósito que los precios suban un 2 % al año?[15] El BCE lo explica así: «la mejor forma de mantener la estabilidad de precios es teniendo un objetivo de inflación del 2 % a medio plazo», un objetivo que confirmó en 2025.[13][24] Sus dos grandes motivos son estos.
El miedo a la espiral deflacionaria
Temen que, si los precios bajan de forma continuada, la gente retrase sus compras («mejor me compro el coche el año que viene, que estará más barato»), las empresas vendan menos y la economía entre en recesión, como en el ejemplo de Japón. Según el BCE, tener un poco de inflación deja espacio para «reducir los tipos de interés en caso de acontecimientos adversos» y es «un margen de seguridad frente al riesgo de deflación».[13][14] El temor a que la gente guarde el dinero en vez de gastarlo viene, en buena parte, de las ideas de John Maynard Keynes.[17]
Ajustar los sueldos sin bajarlos
A casi nadie le gusta que le bajen el sueldo, y las empresas lo saben. Con una inflación del 2 %, una empresa en apuros puede reducir el coste real de los salarios sin tocar la cifra de la nómina: si tu sueldo no sube y los precios suben un 2 %, en la práctica has perdido poder de compra, pero sin que nadie te lo haya bajado. Los economistas lo llaman rigidez a la baja de los salarios nominales, y es uno de los argumentos del propio BCE y de un conocido estudio de George Akerlof, William Dickens y George Perry.[13][16]
La alternativa: un dinero que no cambie de valor
Es la propuesta de la llamada banca libre: un sistema sin banco central, en el que los bancos privados compiten entre sí y la cantidad de dinero se ajusta sola a lo que la gente quiere tener.[19][20] Funcionaría así:
- Si la gente quiere guardar más dinero, gasta menos y mantiene más en sus cuentas. Para que eso no haga bajar los precios, los bancos responderían ofreciendo más depósitos y más crédito, y la cantidad de dinero aumentaría. Se evitaría la deflación.
- Si la gente quiere guardar menos dinero, lo gasta más deprisa. Para que eso no haga subir los precios, se devolverían préstamos y parte del dinero bancario desaparecería al volver a los bancos. Se evitaría la inflación.
Para los más entendidos, un matiz: esta propuesta parte de la banca de reserva fraccionaria, en la que los bancos prestan parte de los depósitos. Hay otra tesis de gran peso, la vuelta al patrón oro con un coeficiente de caja del 100 %, que daría para un par de artículos más. Quien quiera profundizar tiene una referencia imprescindible: «Dinero, crédito bancario y ciclos económicos», del profesor Jesús Huerta de Soto.[21]
Para saber más
Además de los ya citados, merecen la pena «La desnacionalización del dinero», de Hayek;[19] «La teoría de la banca libre», de George Selgin;[20] «La teoría del dinero y del crédito», de Ludwig von Mises;[3] «A Monetary History of the United States», de Milton Friedman y Anna Schwartz;[18] «Una crítica a la teoría monetaria de Mises», de Juan Ramón Rallo,[22] y su canal de YouTube.[23]
Fuentes
Los datos del artículo salen de estas referencias. Cada [n] del texto enlaza con la suya.
- Econlib (Liberty Fund). Friedrich A. Hayek: The Use of Knowledge in Society (1945)Ante la escasez de una materia prima, «without an order being issued», miles de personas pasan a usarla con más cuidado (traducción nuestra en el texto).
- Cengage. N. Gregory Mankiw: Principles of EconomicsManual de referencia de economía (en español, «Principios de economía», Paraninfo): oferta, demanda y precios de equilibrio.
- Mises Institute. Ludwig von Mises: The Theory of Money and Credit (1912)Los cambios en el valor del dinero no son neutrales: redistribuyen la riqueza entre deudores y acreedores.
- Mises Institute (traducción del Fondo de Cultura Económica). Richard Cantillon: Ensayo sobre la naturaleza del comercio en generalEscrito hacia 1730 y publicado en 1755. Parte II, cap. VI: «La gran dificultad de esta investigación consiste en saber por qué vía y en qué proporción el aumento de dinero eleva el precio de las cosas».
- Mises Institute. Mark Thornton: The Skyscraper Curse, cap. 5 (efectos Cantillon)«The first recipients of the money experience an increase in wealth, while those who do not receive it experience a decrease in wealth».
- Wirtschaftsdienst. Neyer y Stempel: Hyperinflation, kollektives Gedächtnis und Zentralbankunabhängigkeit (2023)En 1923 los billetes se usaban para alimentar la chimenea o como papel de notas, y los niños construían torres con ellos.
- German History in Documents and Images (Bundesarchiv, Bild 102-00104). Wallpapering with Worthless Banknotes (1923) (1923)Pie original de la foto de Georg Pahl: «Tapezieren einer Wand mit Ein-Markscheinen welche heute um vieles billiger sind als eine Tapete» (traducción nuestra en el texto).
- Deutsches Historisches Museum (LeMO). Die Inflation 1923El Gobierno se financió con «vermehrten Geldscheindruck»; las reparaciones fijadas en 1921 aceleraron la inflación; al final, el papel de los billetes valía más que su poder de compra.
- BBC. Zimbabwe rolls out Z$100tr note (16 de enero de 2009)«Zimbabwe is introducing a Z$100 trillion note, currently worth about US$30».
- Cato Journal. Steve H. Hanke y Alex K. F. Kwok: On the Measurement of Zimbabwe's Hyperinflation (2009)Inflación mensual de 79.600 millones por ciento a mediados de noviembre de 2008; precios que se duplicaban cada 24,7 horas. Son cálculos de los autores, no datos oficiales.
- Banco de Japón. Shinichi Uchida: Price Dynamics in Japan over the Past 25 Years (27 de mayo de 2024)«Japan's deflation started in the late 1990s and continued for 15 years. The average inflation rate was just minus 0.3%».
- NBER. Takatoshi Ito y Frederic S. Mishkin: Two Decades of Japanese Monetary Policy and the Deflation Problem (2006)Desde 1998, la inflación medida por el deflactor del PIB o por el IPC fue negativa.
- Banco Central Europeo. Declaración sobre la estrategia de política monetaria del BCE (8 de julio de 2021)Objetivo del 2 % a medio plazo, simétrico. Un margen por encima del 0 % da espacio para bajar tipos y protege frente a la deflación; las rigideces a la baja de los salarios nominales también lo justifican.
- Banco Central Europeo. ¿Por qué es importante la estabilidad de precios? (25 de agosto de 2021)
- Reserva Federal. Federal Reserve issues FOMC statement of longer-run goals and policy strategy (25 de enero de 2012)Inflación del 2 % medida con el índice de precios del gasto en consumo personal (PCE).
- Brookings Papers on Economic Activity. George A. Akerlof, William T. Dickens y George L. Perry: The Macroeconomics of Low Inflation (1996)Por la rigidez a la baja de los salarios nominales, un objetivo de inflación cero impondría costes reales permanentes.
- Palgrave Macmillan. John Maynard Keynes: The General Theory of Employment, Interest and Money (1936)Reedición de 2018 de la obra publicada por Macmillan en 1936.
- NBER. Milton Friedman y Anna J. Schwartz: A Monetary History of the United States, 1867-1960 (1963)
- Institute of Economic Affairs. Friedrich A. Hayek: Denationalisation of Money (1976)
- Cato Institute. George Selgin: The Theory of Free Banking (1988)
- Jesús Huerta de Soto (Unión Editorial). Dinero, crédito bancario y ciclos económicos (1998)
- Marcial Pons (Unión Editorial). Juan Ramón Rallo: Una crítica a la teoría monetaria de Mises (2019)
- YouTube. Canal de Juan Ramón Rallo
- Banco Central Europeo. El Consejo de Gobierno confirma su objetivo simétrico de inflación del 2 % a medio plazo (30 de junio de 2025)
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